sábado, 30 de octubre de 2010

El ámbito profesional y su estado de ánimo (y IV)

La importancia del directivo o del mando intermedio en la tarea de promover una adecuada emocionalidad en las organizaciones, ya sean éstas de gran tamaño o pequeñas, multinacional o empresa familiar, es muy grande. No porque sea una responsabilidad exclusiva de éste (es compartida con todos los trabajadores); sino porque, a menudo, de él depende la puesta en marcha de la mayoría de aspectos a los que me he referido: espíritu de colaboración, pensamiento positivo, actitud constructiva, asunción de responsabilidades, compartir tareas y planes de futuro, y, como diría Luis Huete (en el momento del reconocimiento y los éxitos profesionales) es aquél que da un paso hacia atrás y deja el protagonismo a los miembros de su equipo.

Sin duda, las dificultades del momento actual (entorno híper-dinámico, crisis económica...) están redefiniendo las claves sobre las que este directivo o mando intermedio tiene que realizar su tarea, tanto desde el punto de vista de la gestión empresarial-profesional (mayor planificación frente a una merma de recursos humanos, económicos; mayor orientación a los resultados); como desde el punto de vista de transmitir ilusión y motivación a sus equipos y compañeros, ejerciendo un papel de coach (entrenador, acompañante) capaz de obtener lo mejor de cada uno de ellos. Daniel Goleman lo define como aquél que provoca que la energía positiva circule, protector de un estado de ánimo impulsor de la reflexión, las estrategias, la coordinación, los valores, la buena comunicación, el desarrollo personal y colectivo, y obviamente, los resultados. Según propio Goleman, el 30% de los resultados de un equipo está condicionado por su ambiente o clima organizativo; ¡el 30%! Luego hay otra forma de hacer las cosas, de lograr un liderazgo compartido.

Ahora que se vislumbra una nueva época, considero que las organizaciones y las personas que lo integran tienen numerosos retos por delante, y entre ellos, la de una mejor conexión entre la tecnología (que, contrariamente, aísla), y, las personas (sus emociones) y el colectivo que surge de la suma de individuos; como fórmula para lograr entornos más satisfechos, ilusionantes, y creativos, entre otros, promotores e impulsores de nuestra actividad profesional en este entorno de mayor complejidad, en el que un mayor rendimiento estará muy determinado por la calidad emocional que se respire.

La tarea no es fácil, ni existen recetas comunes, ya que cada organización requeriría de análisis concretos y actuaciones diferentes, pero dada la importancia de los efectos positivos y negativos que los estados de ánimo pueden provocar en los resultados de una organización, asumir que la tarea de la emocionalidad es un recurso más del que disponen las empresas para todas sus metas y objetivos, supone tener mucho ganado. Quizá el futuro.

Recomiendo este video introductorio del nuevo libro de R. Sharma, célebre autor de El monje que vendió su ferrari. El líder que no tenía cargo.

That is it!

Si hubiera algún lector, mi agradecimiento por su tiempo.
VALE. David Cáceres

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